Y este día va por todos ellos, por aquellos corazones frágiles por el cansancio de la jornada laboral pero valientes por las ilusiones de una nueva Semana Santa que, a pesar de todo, acudían –y acuden- a ensayar por sus Titulares durante cada noche del ya agonizante invierno. Estaban esperando la primavera, aquella que vendría con su Nazareno por delante y con sus marchas por bandera: Cristo del Amor, Virgen de la Paloma, La Saeta, La Lanzada, La Virgen llora, Aurora de Resurrección…que si se alejaban una pizca de los compases ortodoxos más se acercaban aún las notas de los corazones de todos ellos para que sonara bien al entrar cada año la Hermandad en la Plaza.
Qué bien aprendieron la lección hermanos como Pepe “Basura” o Ramón Gallego, que hace unos días era nombrado nuevo hermano de su Hermandad y su Banda del cielo. Ésta última se va agrandando al lado de nuestros Titulares, pero la que aún peregrina por estos barrios sostiene el amor musical que toda una Hermandad ha demostrado a lo largo de toda su trayectoria. Para todos ellos mereció la pena y para los actuales la merece mucho más.
Y qué decir de todos aquellos que, alzando su voz como medio de alabanza a Dios, alzan su fe como medio de engrandecer su Cofradía. Es su Coro, el que durante cada celebración litúrgica nos acerca aún más a la meditación de los misterios de la pasión de Nuestro Señor Jesucristo según el Evangelio de “La Labradora”.
Nos hacen más fácil esto, y gracias a ellos somos lo que somos porque han marcado el camino de una nueva esperanza cofrade, la esperanza cofrade de “Los Moraos”. Y si por las cosas pequeñas comienza el lío, que nuestra oración por todos ellos haga más grande a la parte musical de una Hermandad que alaba a sus Titulares bajo la misma alegría musical con la que Santa Cecilia se dirigía hacia la muerte, también por el mismo Dios moreno.
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