miércoles, 4 de julio de 2012

Y AL TERCER DÍA...


Ya repicaba La Labradora en brillante júbilo cuando clareaba en la mañana de Resurrección. Nuestra Reina ya había tomado entonces el cetro de la esperanza y la humildad y, dejando a un lado su Amargura pasional para, en esta ocasión, ayudar a las amarguras del camino, roneaba morá para siempre hacia el alba en San Antón. Su Banda, sus costaleros y su corporación le daba gracias y Ella, con la cera de la vida encendida para la eternidad en su Hermandad, les sonreía desde el corazón traspasado por la alegría del Domingo.

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